Por qué la madera sin tratar es la base de un juego seguro
Cuaderno editorial · 14 de marzo
Superficies lisas, sin barnices ni tintes, que respetan el contacto directo con las manos.
La madera sin tratar conserva su veta, su olor y su textura original, y eso la convierte en un material que se puede tocar sin capas intermedias. Al no llevar barnices, tintes ni selladores, se evita el contacto con sustancias que no aportan nada al juego y que además tapan la respuesta natural del material. Las piezas lijadas a mano, con cantos redondeados, ofrecen una superficie agradable que invita a apilar, encajar y explorar con calma. Con el uso, la madera va tomando un tono más cálido y muestra el paso del tiempo como parte de su carácter.
Esa decisión de dejar la superficie desnuda no es un detalle estético. Cuando la tabla llega al taller, se seca al aire durante semanas para que pierda tensión interna y no se agriete después. El corte y el lijado se hacen sin forzar la fibra, respetando el sentido de la veta. El resultado son piezas que encajan por geometría, sin tornillos ni adhesivos visibles, y que se pueden reparar con una lija fina si el uso intenso deja alguna aspereza. La trazabilidad permite saber de qué bosque salió cada tabla y cómo se gestionó su tala, algo que en un material teñido quedaría escondido bajo la pintura.
Seguir leyendo en el cuaderno: Formas geométricas para reconocer con las manos y Piezas sueltas de pino para construir sin una única respuesta.